¿La hipertensión ocular y el glaucoma son lo mismo?

10, agosto, 2020 / Salud Ocular / Sin comentarios

La hipertensión ocular y el glaucoma no son lo mismo. La hipertensión es el aumento de la presión intraocular por encima de los 21 mmHg y aunque es el principal factor de riesgo para el glaucoma, éste también se puede producir con tensión ocular normal. Además, el glaucoma daña el nervio óptico, en cambio, en el caso de la hipertensión ocular éste no se ve afectado.

La hipertensión ocular

La hipertensión ocular se debe a un mal funcionamiento del sistema de drenaje del humor acuoso -el líquido que baña y nutre las estructuras oculares. Cuando este líquido no fluye de forma adecuada se rompe el equilibrio entre su producción y su eliminación y se genera el aumento de la presión intraocular. No se trata de un proceso inmediato, al contrario, se suele producir de forma gradual dañando los vasos sanguíneos y provocando la pérdida de visión.

Cualquier persona está en riesgo de desarrollar hipertensión ocular, no obstante, tienen más posibilidades aquellas personas con antecedentes familiares de la enfermedad, de diabetes o de presión alta en general. También tienen más número de padecer hipertensión ocular las personas con más de 60 años, miopes o que hayan sufrido cualquier tipo de lesión en los ojos, así como, con colesterol alto o que fumen.

En sus primeras etapas, la hipertensión ocular suele ser asintomática aunque se pueden dar síntomas como la visión borrosa, la doble o dolores de cabeza. Las revisiones periódicas son la única manera de saber a tiempo si se padece esta enfermedad. El oftalmólogo examinará el nervio óptico y la visión periférica y medirá la presión. El especialista también observará si hay estrechamientos de los vasos sanguíneos y señales de filtración de líquido a la retina.

El glaucoma

El glaucoma es una afección derivada de la hipertensión ocular no controlada que puede dañar el nervio óptico y llegar a causar la pérdida completa de la visión. Según la Academia Americana de Oftalmología existen 4 tipos de glaucoma: el de ángulo abierto, el de ángulo cerrado o cierre angular, el congénito y el secundario.

El glaucoma de ángulo abierto suele ser el más común y suele ser asintomático aunque, a veces, empieza con pérdida de la visión lateral. Por lo general es hereditario y el principal problema es que empuja el nervio óptico hasta causar puntos ciegos.

El de ángulo cerrado o cierre angular requiere una atención urgente ya que la presión se incrementa de forma repentina y alcanza niveles muy altos porque el humor acuoso se bloquea de forma súbita y no puede salir del ojo. Los síntomas son varios como el dolor intenso, la visión borrosa, náuseas, vómitos, destellos similares al arcoíris, enrojecimiento de los ojos e inflamación.

El glaucoma congénito se da en los bebés y es hereditario en la mayor parte de los casos. Esta tipología de glaucoma se da porque el ojo no se ha desarrollado de forma normal y entre los síntomas destacan el agrandamiento de uno o de ambos ojos, enrojecimiento, lagrimeo o sensibilidad alta a la luz.

El porqué del glaucoma secundario todavía no está claro, algunos expertos sugieren que podría deberse al uso de corticosteroides, a la inflamación de la capa media de ojo conocida como uveítis, por la diabetes o por alguna lesión.

El tratamiento para el glaucoma más recurrido son gotas que contienen componentes para reducir la presión en el ojo. Si este método no funciona, ya se opta por una operación láser o por la cirugía para abrir los canales por donde debe salir el humor acuoso.

*Fuente: Academia Americana de Oftalmología

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