¿Cómo eran las primeras gafas?

30, septiembre, 2019 / Mirada particular / Sin comentarios

¿Sabes que las gafas es uno de los inventos más importantes de los últimos 2.000 años? Fue una revolución que supuso un impulso para la ciencia, el arte y la filosofía. El orador romano Cicerón escribía que en su vejez no podía leer y tenían que hacer esa tarea sus esclavos. El interés por la óptica y los avances en la fabricación de cristal permitieron que, a finales del siglo XIII, un monje creara las primeras gafas de la Historia.

El origen de la óptica

Antes del siglo XIV, los defectos de visión eran una limitación irremediable, fueran congénitos -como la miopía- o ligados a la edad, afectaban sobre todo a quienes se dedicaban a trabajos de precisión o a actividades intelectuales basadas en la lectura y la escritura.

Un científico árabe, Ibn al-Haytham, creó en el siglo XI las bases teóricas para la invención de las gafas gracias a sus estudios de la córnea humana y de los efectos de los rayos de luz en espejos y lentes. Aparecieron así las «piedras de lectura», lentes planoconvexas (semiesféricas) que se usaban a modo de lupas y que podríamos llamar como los precedentes de las gafas.

El invento se sitúa hacia 1286, se cuenta que había un monje de Pisa, llamado Alessandro della Spina, que «era capaz de rehacer todo lo que veía. Él mismo fabricó las gafas, que otro había ideado antes, pero sin querer comunicar su secreto. Alessandro enseñó a todos la manera de hacerlo» (discurso de un dominico en Florencia).

En círculos de madera

Estas primeras gafas consistían en dos lentes montadas en círculos de madera o de asta, unidas mediante un remache y que se colocaban sobre la nariz. Las lentes, de tipo biconvexo, solucionaban los defectos en la visión cercana, como la presbicia. Algunas referencias cuentan que se empleó como material cuarzo transparente o bien cristal de otra piedra preciosa, el berilo, aunque las primeras gafas también se han vinculado con la técnica de fabricación del cristal a base de arena, potasio y carbonato de sodio.

Las gafas se generalizaron enseguida entre las personas mayores. Por ejemplo, el poeta Petrarca recordaba cómo hacia 1350, cumplidos los 60 años, perdió de repente su buena vista y se vio «obligado a recurrir con frecuencia a la ayuda de las lentes».

Este último tipo de gafas no sólo eran útiles para tareas puntuales como la lectura y escritura, sino que podían llevarse todo el tiempo. Quizás, por esta razón, se estudió cómo sostener las gafas sobre la nariz sin tener que aguantarlas con la mano, como era en el principio. Entre otras propuestas se idearon gorros con alambres de los que colgaban las gafas, o una banda de cuero que sujetaba las lentes en torno a la cabeza. El sistema de las patillas (primero apretando las sienes y luego sujetas a las orejas) no se difundió hasta el siglo XVIII. Una época en la que las gafas, cómodas de llevar, relativamente baratas (gracias a su producción industrial) y con lentes cada vez mejor adaptadas a las necesidades de cada cual, se convirtieron en uno de los mayores inventos de la historia.

 

*Fuente: National Geographic

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